Archivo de la etiqueta: Mundo Achís

¿A quién miramos cuando nos retratan?

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

“Recuerdo vivamente un acontecimiento de los primeros años. Quizá tú también lo recuerdes. Yo lloriqueaba una noche y pedía incesantemente que me dieran agua; sin duda, no era por tener sed, sino en parte para divertirme. Como algunas amenazas violentas no habían logrado efecto, me sacaste de la cama, me llevaste al balcón y allí me dejaste solo, en camisón delante de la puerta cerrada. No quiero decir que eso estuvo mal; quizás aquella vez no había realmente otra manera de obtener tranquilidad por la noche, pero quiero caracterizar con ello tus métodos educativos y el efecto que ten tan sobre mí. Sin duda, esa vez fui obediente, pero había sufrido un daño interior. Según mi naturaleza jamás pude establecer la conexión correcta entre lo lógico, para mí, del absurdo pedir agua, y lo extraordinariamente terrible del ser llevado afuera. Todavía años después me perseguía la imagen torturadora de ese hombre gigantesco, mi padre, esa última instancia, que podía, casi sin causa, venir de noche y llevarme de la cama al balcón, y que, por tanto, a tal punto era yo una nulidad para él.

Eso fue entonces un pequeño comienzo, pero esa sensación de nulidad que a menudo me domina (una sensación en otro sentido también noble y fecunda) ha sido provocada en gran parte por tu influjo. Yo habría necesitado un poco de tu estímulo, un poco de amabilidad, un poco de abrirme el camino, y tú, en cambio, me lo obstruías, ciertamente con la buena intención de que yo eligiese otro camino. Pero yo no servía para eso. Por ejemplo, me alentabas cuando yo hacía bien el saludo militar o el paso de marcha, pero yo no era un futuro soldado, o me animabas cuando yo lograba comer mucho y hasta tomar cerveza, o cuando repetía a canciones que no entendía, o cuando repetía tus palabras favoritas, pero nada de eso pertenecía a mi futuro. Y es significativo que incluso hoy sólo me estimulas cuando algo te atañe a ti mismo, cuando hiere tu autoestimación (por ejemplo, con mi proyecto de casarme) o cuando tu autoestimación resulta herida en mí (por ejemplo cuando Pepa me insulta). Entonces se me anima, se me recuerda mi valer, se me señalan las ventajas a que yo tendría derecho, y Pepa queda definitivamente condenado. Pero aparte de ser, a mi edad actual, casi inaccesible a los estímulos, ¿de qué me servirían si sólo aparecen allí donde, primordialmente no se trata de mí?

En aquel entonces, y sólo en aquel entonces, yo habría necesitado el estímulo. Pero en verdad yo ya estaba aplastado por tu mera presencia física. Recuerdo, por ejemplo, cuando nos desnudábamos juntos en una casilla de baño. Yo, flaco, débil, enjuto; tú, fuerte, grande, ancho. Ya en la casilla me sentía miserable, y no solamente frente a tí, sino frente al mundo entero, pues tú eras para mí la medida de todas las cosas.”

Franz Kafka, “Carta al padre”

Etiquetado ,

6. y 127.

6.

“Le pedí tan poco a la vida y hasta ese poco la vida me negó. Una hebra de sol, el campo, un poco de paz con un poco de pan, que no me pese mucho el saber que existo, y no exigir nada a nadie, ni que nadie exija nada de mí. Todo esto me fue negado, como quien niega una limosna no por falta de bondad, sino por no tener que desabrocharse el abrigo para darla”.

127.

“Yo no me quejo del mundo. No protesto en nombre del universo. No soy pesimista. Sufro y me quejo, pero no sé si lo que hay de malo es el sufrimiento ni sé si es humano sufrir ¿Qué me importa saber si eso es cierto o no?

Sufro y no sé si merecidamente (Cervatillo perseguido)

Yo no soy pesimista, soy triste”.

 

“Libro del desasosiego”, Fernando Pessoa como Bernardo Soares.

 

Etiquetado ,

Bibliotecas

“Toute la mémoire du monde. Así llamó Alain Resnais a ese cortometraje que filmó en 1956 sobre la Bibliotheque Nationale de Francia. Verdadera joya del cine y drástica reinvención del género documental, este trabajo del cineasta francés alcanza por sí solo para decir lo imprescindible sobre esa creación, arquitectónica y onírica, que es la biblioteca. Imposible reproducir aquí la sutileza de las perspectivas, el registro obsesivo de los anaqueles, la proliferación de sectores, los planos desde la altura y las tomas, simétricas o no, de un edificio captado en su enigma absoluto. Cada aspecto encuentra allí su definición: la biblioteca como galería, como prótesis de la memoria humana, como laberinto, como orden y secreto. También las funciones se complementan, anulan, potencian: en ella, no sólo se sustituye el mundo por sus réplicas; también se encuentran los pensamientos fértiles, o se buscan amparos a la escritura, sostenes entre el pasado y el porvenir.

Por momentos, nos pareciera estar en una escena de 1984 (los mensajes y documentos circulan —y son controlados— por empleados que se parecen a los burócratas de Orwell). Pero la afinidad más clara es, sin duda, con el conjunto hexagonal, ilimitado y periódico del relato de Borges “La biblioteca de Babel”. Algo hay, en efecto, en la fuerza de Resnais que consigue materializar los axiomas de ese sueño malsano, y eso que no abandona jamás la estética clásica.

No importa que no haya lectores ni peregrinos perdidos en busca de claves secretas, probablemente inexistentes. El soterrado afán de perdurar y el diagrama “inmóvil, inútil, incorruptible y perfecto” de la materia borgeana figuran allí con la fuerza de un tributo o una profecía autocumplida”.

“Pequeño mundo ilustrado”, de María Negroni

Etiquetado

Mi viejo caballero

 

“Como todo el mundo sabe Alicia en el País de las Maravillas fue contada para entretenimiento de tres niñas en un picnic ribereño. Lo que poca gente sabe es que esa maravillosa fuente de historias nunca se secó. Yo fui su última niña amiga, y durante las muchas largas tardes que pasamos juntos, las historias siguieron surgiendo, frescas, originales e inimitables como siempre. Dos o tres veces por semana venía y me tomaba “prestada”, y nos íbamos juntos, absolutamente contentos una en compañía del otro, a pasar tardes que jamás olvidaré. Sí he olvidado las historias, porque nunca contaba la misma dos veces, pero el Jardinero Loco y el Censor Esférico de Sylvia y Bruno nacieron en esos paseos, y me recitó muchas estrofas de la Canción del Jardinero Loco que no aparecieron en el libro.

“La felicidad de nuestras tardes juntos de ningún modo terminaba al regresar a Christ Church. Solíamos pasar horas sentados, acurrucados juntos —el anciano y la pequeña— en un gran sillón, jugando juegos de palabras, creando e interpretando lenguajes cifrados, o resolviendo raros problemas matemáticos. También jugábamos juegos ordinarios: al backgammon, a las damas y a veces al ajedrez, pero se trataba siempre de exóticas variantes de los usuales, y se tomaba un enorme trabajo para crear sus reglas. Lo más divertido era el ajedrez. Él era, por supuesto, un maestro de este juego, pero cuando jugaba con un niño, los caballos y alfiles cobraban vida y sostenían acaloradas discusiones acerca de los derechos de las reinas o las propiedades de las torres.

“A los doce años tuve escarlatina, y durante seis largas semanas estuve clausurada a toda sociedad. En todo ese tiempo no pasó un día sin que llegara una carta de «mi viejo caballero» (como mi familia lo llamaba siempre), trayéndome un puzzle original o una cifra para resolver o un nuevo y absorbente juego. ¡Todo ese tesoro fue entregado a las llamas cuando me recobré, porque podía hospedar gérmenes! Me puse furiosa en esa época, y hasta hoy no he encontrado razones para revisar mi opinión de los doce años. “Uno de sus dones más destacables consistía en que, a pesar de que hablaba con sus niñas amigas exactamente como si fueran sus iguales, nunca vacilaba para corregir una falta: jamás con un regaño, pero sí de tal manera que una veía el lado malo y lo detestaba, y nunca olvidaba lo que él había dicho. La verdad del asunto es que él mismo tenía un corazón de niño, de manera que cuando le hablaba a una niña, aun sobre las cosas más profundas de la vida, ella comprendía, porque él le hablaba en su propio lenguaje.

“En una y otra y otra ocasión, pidió a mi madre que le permitiera llevarme afuera con él, unas veces a orillas del mar, unas veces a Londres. La mente victoriana veía un mal posible aun en la asociación de una niña de doce años con un anciano de sesenta y tres. Debe haber tenido una paciencia maravillosa, porque probó de nuevo y de nuevo, pero jamás se me permitió ir con él, y yo nunca, hasta el fin de mis días, dejaré de lamentarlo. Días de estrecho vínculo con quien, no obstante su mente extravagante, fue uno de los pocos santos sabios genuinos, me fueron negados, porque el santo era varón y yo era una niña.

“Reminiscencias de la Sra. Shawyer”,  en Diarios de Carroll de Roger Lancelyn Green.

Etiquetado , ,

¡Mercado de pulgas on sale!

Hoy nos dimos una vuelta por el Mercado de pulgas de la ciudad. Enero es, sin lugar a dudas, el mes para ir a recorrerlo. Desde piezas retro hasta muebles lookeados de vintage, el Mercado sigue siendo una de las opciones más accesibles para renovar cualquier espacio. Acá les presentamos los elegidos de ACHÍS! ¿Qué les parece el fichero para decorar el Estudio? ¡Buena semana! 

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Etiquetado , , , ,

Fénix en la web

Pablo Anadón presenta hoy en Córdoba el número 25/26 de la revista de poesía y crítica Fénix. Además, la sociedad de poetas encontrará otra novedad: los 22 números de Fénix –desde su fundación en 1997- están reunidos en el blog http://revistafenix.blogspot.com/ por la colaboración de ACHÍS.

En el blog se pueden recorrer los poemas de Horacio Castillo, Alejandro Nicotra, Rodolfo Godino, Juan José Hernández, Rafael Felipe Oteriño, Santiago Sylvester, Susana Cabuchi, Ricardo H. Herrera, César Cantoni, Alejandro Bekes, Beatriz Vignoli, Claudia Masin, Diego Muzzio, Javier Foguet, Ezequiel Zaidenwerg y Tomás Aiello, entre muchos otros. También los trabajos de crítica y traducción, junto a los debates sobre la producción poética actual, son algunas de las entradas de visita obligatoria.

Les adelantamos una poesía del joven poeta Ezequiel Zaidenwerg que publicó Fénix en su último número.

El matadero

La lírica está muerta. Vinieron a buscarla
después que se cargaron a judíos, católicos,
comunistas, etcétera; una vez que borraron
a todos, en resumen, los que seguían creyendo
en algo todavía. Yo no me preocupé
cuando se la llevaron. (Supongo que a esta altura
se imaginan el resto). Es mentira que todos
seamos necesarios, y además el poema,
muchachos, no es de Brecht.
(¿Que qué pasó? Perdonen que me vaya
por las ramas). Fue por semana santa,
a plena luz del día. Casualmente,
yo estaba por ahí, y pude verlo todo:
ella andaba en su auto (muy caro, hay que decirlo,
para ir por esos barrios); de repente se cruza
un camión frigorífico. Frenan los dos de golpe.
Un tipo desdentado, de melena grasienta,
con anteojos de culo de botella,
se baja del camión y se pone a increparla. (En realidad,
todo estaba orquestado
de antemano). Se baja ella del auto. “Por favor”,
le pide, “tranquilícese”. “Yo no
me tranquilizo nada”, dice el tipo de los dientes y de pronto saca un arma
que tenía escondida entre la ropa,
y espejeaba ahora al sol.

A partir de ese punto,
en el recuerdo, se acelera todo.
El tipo le gritó que fuera para adentro,
a la parte de atrás, a hacerles compañía
a las reses. Pero ella se negó. Y ante la negativa,
el tipo la golpeó con la culata del arma,
y la tiró sobre el capot del auto,
de espaldas, boca abajo. Forcejearon un rato.
El tipo de los dientes se le pegó de atrás,
y le subió el vestido. Ella gritó
algo que no recuerdo, y un torrente de sangre
le brotó por la boca, a borbollones. (Explotó de repente,
igual que una morcilla que se deja
demasiado en el fuego. Y yo pensé
—de eso sí me acuerdo— en la justicia
poética).
La última
imagen que me queda en la memoria
es la de un taco de ella, partido, en el asfalto,
y la luna, joyesca, que rielaba
sobre el charco de sangre.

Etiquetado , , ,

En casi todas las fotografías

Nº87 Julio 1958, Llansa

Erik Kessels encontró una caja que guardaba un secreto: una serie de fotografías tomadas desde 1956 a 1968 sacadas por un hombre común a su mujer durante las vacaciones. Son días como cualquier otro: en una playa, junto a una fuente, en una montaña, sobre un puente, en la nieve, en una iglesia o al lado de una Santa Rita. A medida que pasamos las páginas vemos que a ella le cambia el pelo, los anteojos, la piel, el humor… La conocemos a Ella, o creemos conocerla, y de a poco también lo conocemos a Él.

Nº11 Julio 1956, Cala Grifen

Hace cuatro años alguien nos mostró In almost every picture (editado por Kessels) y hoy lo conseguimos. La pregunta que atraviesa el libro es cuál es el significado de una fotografía. En La cámara lúcida de Roland Barthes encontramos una respuesta: “La fotografía tiene algo que ver con la resurrección”.

Nº95 Agosto 1958, Tibidabo-Agosto

En el prólogo, Kessels escribe:

bailar con, saber, soñar con, nadar en el mar con, comer con, compartir con, charlar con, viajar con, reír con, leer con, admirar, abrazar, extrañar, confiar, vivir con, cantar con, tocar, adorar, clamar, jugar con, dormir con, hacer feliz a alguien, amar …verte en casi todas las fotografías

Nº128 Julio 1959, Camp de Mar

Y se nos cruzó el final de la película Con ánimo de amar de Wong Kar Wai:

“Él recuerda esa época pasada como si mirase a través de un cristal cubierto de polvo.

El pasado es algo que puede ver pero no tocar

Y todo cuanto ve está borroso y confuso”.

Etiquetado , , , ,

RE TIRO en ThisIsNotAGallery

¡Hoy se inaugura Re tiro de Marcos Bertucelli en Cabrera 5849 a las 20 hs!

“Desde principios del 700 la barranca del Retiro fue nudo político, centro de operaciones, casa de citas financieras. Confluencia de gestos y signos de una relación que siempre penduló entre lo legal y lo prohibido, entre lo evidente y lo oculto, entre el amor y el odio.
Coloreado con el signo de sus tiempos, este romance tuvo el recorrido de un espiral. Formato de elipse. Y su materia esencial fue el agua. Agua de océanos y mares, de ríos interiores por los que circulaban planes y botines. Y también silencios.

Re Tiro:
El Retiro de la South Sea Company.
El Retiro de la lucha cuerpo a cuerpo en las Invasiones. Donde el bastión semántico de lo local, la Plaza de Toros, vio flamear la insignia de lo extranjero.
El Retiro que era río. Y que luego fue (y es) Torre y ferrocarriles. El sistema circulatorio con arterias de hierro y vapor, llevando su sangre a todos los rincones del cuerpo. Y la Torre como regalo, adornada de símbolos y emblemas que hacen de guiños cómplices entre los amantes.

Luego el Tiempo, y una tragedia bélica contemporánea en el centro del vórtice político y de intereses.
Y un Re tiro que tira a matar con el arrebato propio de los amantes enajenados, sumergidos en el juego amoroso y marcial. Hundidos.
Y el Retiro del Homenaje a los Caídos, de Plaza San Martín, de Avenida del Libertador.

Encuentros, subtextos, paradojas, contradicciones.
Caleidoscopio de una Historia fabulosa. De fábula”.

Mariano Soto

Llegamos un poco tarde, pero a las 21.30 estamos ahí.

¡Salud!

Etiquetado , , ,

“Me llamo Ernesto…”

Ernesto Sábato por Antonio Berni

“Hace algunos años, una revista porteña publicó una sugestiva foto de Ernesto Sábato. Pequeño y solitario, encogido en un banco, aguardaba el tren. La imagen me dio que pensar; suscitaba cierta compasión. Porque Sábato, en definitiva, siempre ha sido eso: un Gran Niño Solo esperando un tren que nunca llega”. Así describe  Carlos Catania al escritor en Genio y figura de Ernesto Sábato.

El pueblo de su nacimiento se llama Rojas. Sus padres  llegaron a la Argentina a fines del siglo pasado y establecieron en aquel pueblo un molino harinero. Fueron once hermanos. Ernesto fue el décimo hijo varón de Juana Ferrari y vino al mundo pocos días después de que falleciera el número nueve. Le pusieron el nombre del muerto. En palabras de Sábato: “Me llamo Ernesto, porque cuando nací el 24 de junio de 1911, día del nacimiento de San Juan Bautista, acababa de morir el otro Ernesto, al que, aun en su vejez, mi madre siguió llamando Ernestito, porque murió siendo una criatura”.

Ernesto Sábato por Sara Facio

Catania reflexiona: “La infancia de Ernesto fue cerrada, gris, sin los alicientes de la felicidad salvaje. Sábato no sabía jugar (…). Para él mismo y para los demás fue un niño–problema. La madurez de su nivel intelectual se revela tan vasta y honda que, por contraste, resalta cierta inmadurez vital. Quitándole la libertad del juego, lo mutilaron de entrada”.

Y siguió la vida. Carlos Catania define a Sábato como un tipo melancólico. Y – además – nos aporta un detalle curioso: en Sobre Héroes y Tumbas, la palabra melancolía aparece mencionada 23 veces. Sin dudas, la nostalgia de Ernesto se convertiría en enfermedad metafísica. Mientras cursaba el doctorado de Física, militaba en el movimiento juvenil comunista. Fue entonces cuando conoció a Matilde, su compañera por más de 60 años. Ella tenía 17 años y quedó deslumbrada cuando él le dictó un curso sobre Marxismo. Desde entonces establecieron vínculos profundos. Luego, tuvieron dos hijos: Mario y Jorge Federico.

La palabra que mejor retrata a Sábato es sin dudas la de Matilde: “Para que se sienta con fuerzas para crear, para escribir, para liberarse de sus obsesiones y traumas necesita verse rodeado de un muro de cariño y comprensión y de ternura, y también de reconocimiento por lo ya realizado. Entonces pareciera que su fuerza y su genio se multiplicasen. Su profundo cambio interior fue cuando dejó la física. Él ha sido desde niño un alma meditativa, un artista. Con un interior melancólico pero al mismo tiempo rebelde y tumultuoso. La ciencia lo limitaba en forma atroz, de modo que fue lógico haber buscado el único cauce que podía ayudarlo a expresar, a vomitar su tormentoso interior: la novela”.

Sábato también lo dejó claro en Hombres y engranajes (1951): “Pero cuando levantaba la cabeza de los logaritmos y los sinusoides, encontraba el rostro de los hombres”. Ernesto Sábato cuenta en Antes del fin cómo fue publicar su primera novela El Túnel: “Dada mi formación científica, a nadie le parecía posible que yo pudiera dedicarme seriamente a la literatura. Un renombrado escritor llegó a comentar: ¡Que va a hacer una novela un físico!”.

Un préstamo de su generoso amigo Alfredo Weiss, permitió la publicación de El Túnel en la revista El Sur. ¿El resultado? Se agotó inmediatamente. Y después siguió su impecable carrera literaria. Y así llegó Sobre Héroes y Tumbas; Hombres y engranajes, Itinerario; Abaddon, el exterminador; Apologías y rechazos; entre otras.

En Achís, nos pareció una buena idea recorrer algunos pasajes de la vida del gran escritor argentino. Repasar su vida y sus fantasmas. Homenajear a un grande. Sábato no quería que la gente lo nombrara, quería que lo leyeran. Por eso, decidimos quedarnos con algunas palabras del escritor en Antes del Fin, su testimonio y legado espiritual: “No quiero morirme sin decirles estas palabras. Tenemos que abrirnos al mundo. No considerar que el desastre está afuera, sino que arde como una fogata en el propio comedor de nuestras casas. Es la vida y nuestra tierra las que están en peligro. Sí muchachos, la vida del mundo hay que tomarla como tarea propia y salir a defenderla”.

Etiquetado , , , , ,

Homenaje a todos los trabajadores

Les presentamos Trabajadores. Una arqueología de la era industrial del fotógrafo brasilero Sabastiao Salgado. Su proyecto empezó en 1986 y siguió durante un período de seis años. La primera fotografía se llama Mineros del carbón y fue realizada en la India: “En Dhanbad, las minas de carbón dan trabajo a 400.000 personas. Ciento cinco mil hombres descienden a las minas. Hasta 1950 las mujeres también cavaban para obtener el mineral, trabajaban de noche y morían en las explosiones y corrimientos de tierra procedentes del corazón de la tierra.” 
Los tres trabajadores que aparecen en la fotografía cobraban 1,30 dólares al día.

”Para mí, las fábricas de acero son como dioses poderosos y enormes que gobiernan la terrorífica producción de metal que domina nuestro sistema. Todo lo que contienen es violento, desproporcionado y peligroso. El trabajador siderúrgico sabe bien que trabaja en la frontera de la muerte, entre ríos de fuego líquido, rodeado por las calderas del infierno. También sabe que es el acero lo que controla el mundo”. Su foto:

Salgado relata así sus intenciones en este proyecto: “Estas fotografías narran la historia de una época. Las imágenes servirán para practicar una arqueología visual sobre un tiempo que la historia conoce como “la Revolución Industrial”; un tiempo en el que el trabajo manual de hombres y mujeres constituía el eje del mundo. Los conceptos de producción y eficacia están cambiando y, con ellos, la naturaleza del trabajo. Este mundo tan industrializado avanza a la carrera tambaleándose hacia su futuro. En realidad, la recapitulación de estos tiempos es el resultado del trabajo de gente de todo el mundo, aunque en realidad sólo se beneficien unos pocos… Y así continúa dividido el planeta: el primer mundo sufre una crisis de exceso, el tercer mundo sufre una crisis de necesidad y, a finales del siglo, el segundo mundo—el que se edificó sobre el socialismo—se desmorona.”

Salgado quería que quien entrara a alguna de sus muestras no saliera siendo la misma persona. Les dejamos LA pregunta que nos hace el autor: “¿Estamos condenados a ser espectadores en gran medida? ¿Podemos cambiar el curso de los acontecimientos? ¿Podemos aducir “fatiga de compasión” cuando no mostramos ningún signo de “fatiga de consumo?” 

Etiquetado , , , , ,