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6. y 127.

6.

“Le pedí tan poco a la vida y hasta ese poco la vida me negó. Una hebra de sol, el campo, un poco de paz con un poco de pan, que no me pese mucho el saber que existo, y no exigir nada a nadie, ni que nadie exija nada de mí. Todo esto me fue negado, como quien niega una limosna no por falta de bondad, sino por no tener que desabrocharse el abrigo para darla”.

127.

“Yo no me quejo del mundo. No protesto en nombre del universo. No soy pesimista. Sufro y me quejo, pero no sé si lo que hay de malo es el sufrimiento ni sé si es humano sufrir ¿Qué me importa saber si eso es cierto o no?

Sufro y no sé si merecidamente (Cervatillo perseguido)

Yo no soy pesimista, soy triste”.

 

“Libro del desasosiego”, Fernando Pessoa como Bernardo Soares.

 

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Mi viejo caballero

 

“Como todo el mundo sabe Alicia en el País de las Maravillas fue contada para entretenimiento de tres niñas en un picnic ribereño. Lo que poca gente sabe es que esa maravillosa fuente de historias nunca se secó. Yo fui su última niña amiga, y durante las muchas largas tardes que pasamos juntos, las historias siguieron surgiendo, frescas, originales e inimitables como siempre. Dos o tres veces por semana venía y me tomaba “prestada”, y nos íbamos juntos, absolutamente contentos una en compañía del otro, a pasar tardes que jamás olvidaré. Sí he olvidado las historias, porque nunca contaba la misma dos veces, pero el Jardinero Loco y el Censor Esférico de Sylvia y Bruno nacieron en esos paseos, y me recitó muchas estrofas de la Canción del Jardinero Loco que no aparecieron en el libro.

“La felicidad de nuestras tardes juntos de ningún modo terminaba al regresar a Christ Church. Solíamos pasar horas sentados, acurrucados juntos —el anciano y la pequeña— en un gran sillón, jugando juegos de palabras, creando e interpretando lenguajes cifrados, o resolviendo raros problemas matemáticos. También jugábamos juegos ordinarios: al backgammon, a las damas y a veces al ajedrez, pero se trataba siempre de exóticas variantes de los usuales, y se tomaba un enorme trabajo para crear sus reglas. Lo más divertido era el ajedrez. Él era, por supuesto, un maestro de este juego, pero cuando jugaba con un niño, los caballos y alfiles cobraban vida y sostenían acaloradas discusiones acerca de los derechos de las reinas o las propiedades de las torres.

“A los doce años tuve escarlatina, y durante seis largas semanas estuve clausurada a toda sociedad. En todo ese tiempo no pasó un día sin que llegara una carta de «mi viejo caballero» (como mi familia lo llamaba siempre), trayéndome un puzzle original o una cifra para resolver o un nuevo y absorbente juego. ¡Todo ese tesoro fue entregado a las llamas cuando me recobré, porque podía hospedar gérmenes! Me puse furiosa en esa época, y hasta hoy no he encontrado razones para revisar mi opinión de los doce años. “Uno de sus dones más destacables consistía en que, a pesar de que hablaba con sus niñas amigas exactamente como si fueran sus iguales, nunca vacilaba para corregir una falta: jamás con un regaño, pero sí de tal manera que una veía el lado malo y lo detestaba, y nunca olvidaba lo que él había dicho. La verdad del asunto es que él mismo tenía un corazón de niño, de manera que cuando le hablaba a una niña, aun sobre las cosas más profundas de la vida, ella comprendía, porque él le hablaba en su propio lenguaje.

“En una y otra y otra ocasión, pidió a mi madre que le permitiera llevarme afuera con él, unas veces a orillas del mar, unas veces a Londres. La mente victoriana veía un mal posible aun en la asociación de una niña de doce años con un anciano de sesenta y tres. Debe haber tenido una paciencia maravillosa, porque probó de nuevo y de nuevo, pero jamás se me permitió ir con él, y yo nunca, hasta el fin de mis días, dejaré de lamentarlo. Días de estrecho vínculo con quien, no obstante su mente extravagante, fue uno de los pocos santos sabios genuinos, me fueron negados, porque el santo era varón y yo era una niña.

“Reminiscencias de la Sra. Shawyer”,  en Diarios de Carroll de Roger Lancelyn Green.

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El top 3 del FILBA


“Honduras y Fitz Roy”, le dijo Patricio Zunini – coordinador del FILBA – al tachero (seguramente iba para la librería Eterna Cadencia, una de las sedes del Festival Internacional de Literatura). Acto seguido, atendió la llamada de ACHÍS. El objetivo de la charla era claro: que Patricio nos contara cuáles son sus “imperdibles”. Acá va el top 3:

Top 3: *La comicidad y la autoironía en la cultura Italiana: Literatura, ópera y cine:
Sábado 10 de septiembre | 11.00 | MALBA
  Av. Figueroa Alcorta 3415, Palermo
“Estará presente Ermanno Cavazzoni, un escritor poco conocido. Sin embargo, es el autor  de El poema de los lunáticos, una magnífica novela que el italiano escribió a los 23 años  y luego, fue adaptada por Federico Fellini en su película La voz de la luna” explica Zunini y confiesa que “Cavazzoni es su capricho del festival”.

Top 2: * Cees Nooteboom en primera persona:
Lunes 12 de septiembre | 18.00 | Eterna Cadencia
Honduras 5582, Palermo
El holandés Cees Nooteboom, uno de los escritores más relevantes de Holanda  y varias veces nominado al Premio Nobel de Literatura, será entrevistado por la periodista Verónica Chiaravalli. Zunini agregó un interesante detalle “Nooteboom fue traducido por Coetzee”.

Top 1: *J.M Coetzee en primera persona: Ficción Inédita
Domingo 18 de septiembre | 20.00 | MALBA
  Av. Figueroa Alcorta 3415, Palermo
El plato fuerte de esta edición es sin dudas la presencia del sudafricano John M. Coetzee. El Premio Nobel 2003, con más de veinte títulos publicados y un estilo absolutamente singular como es el uso de la tercera persona autobiográfica, participará en un panel que, moderado por Susana Reinoso, realizará un recorrido por su obra indagando en la diversidad de sus textos y en su influencia narrativa contemporánea. Además – precedido por una introducción a cargo de Matilde Sánchez-  Coetzee leerá un texto de ficción inédito.
Patricio Zunini reveló orgulloso lo difícil que fue lograr la presencia de Coetzee en Argentina: “Todos los invitados tienen muchas horas de trabajo. Pero en el caso de Coetzee se sumó que se trata de un Premio Nobel que vive en Australia”.
El coordinador del FILBA nos adelantó algunas novedades del Festival: “Invitamos a escritores extranjeros a realizar diferentes recorridos, por ejemplo un escritor mexicano irá al Hipódromo y un galés a una villa–y luego escribirán sobre su experiencia. Es una forma de intervenir en su obra”. Los textos podrán leerse en una publicación del MALBA y en el blog de la fundación FILBA. Además, en esta edición se presentará Filbita, una sección dedicada a la literatura infantil y juvenil que propone tanto actividades lúdicas y literarias para los chicos como paneles y talleres de reflexión sobre la materia y la importancia de los libros en la formación de los primeros lectores. Zunini la describe como “la sección mimada del festival”.
Hoy a las 19:00 Luis Chitarroni, novelista, editor, ensayista y un gran lector- inaugurará la tercera edición del Festival Internacional de Literatura, una verdadera fiesta de las letras. ¿Los participantes del Festival? Más de 70 escritores argentinos –  algunos que serán de la partida son Mempo Giardinelli, Juan Sasturain, Martín Caparrós y Martín Kohan- y 27 autores extranjeros.
Desde hoy el FILBA ofrecerá conferencias, entrevistas, mesas redondas, recitales, performances, workshops y propuestas gratuitas que se realizarán en nueve sedes diferentes. Les dejamos la PROGRAMACIÓN completa.
En ACHÍS ya elegimos. Café, medialunas y charla.

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Villoro declara

El escritor mexicano Juan Villoro está de visita en Buenos Aires. Por ahora, agenda completa: participó de un taller sobre periodismo narrativo de la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano que se realizó en Proa, estrenó Filosofía de vida, una obra teatral de su autoría, presentó algunos de sus libros que fueron reeditados (Materia Dispuesta y La casa pierde), charló con Ezequiel Martínez en la Fundación Tomás Eloy Martínez – entre los asistentes se encontraban: Carlos Busqued, Juan Terranova, Cristian Alarcón y Martín Caparrós – sobre periodismo, redes sociales, fútbol – no podía faltar – y música. Y todavía falta: el 24 de agosto dialogará en el Malba con los escritores Alan Pauls y Martín Kohan.

ACHÍS asistió a la entrevista abierta que el periodista Ezequiel Martínez le realizó. Veinte minutos más tarde de la hora pactada, llegó el escritor que, entre aplausos y risas, contó – con su ironía y característico humor – el quijotesco episodio que lo había retrasado. Ante la mirada atenta de su público Villoro habló de sus inicios en el periodismo y definió la crónica – fiel a su estilo – como “el ornitorrinco de la prosa” y explicó que es un animal híbrido que tiene que ver con muchos más estímulos y que se beneficia prácticamente de todos los géneros. También reveló su nostalgia epistolar frente al carácter anónimo del correo electrónico: “Yo soy de una generación que pedía disculpas por escribir a máquina porque era muy impersonal”.

El escritor también relató su experiencia durante el violento terremoto de 8.8 grados de intensidad que el 27 de febrero de 2010, a las 3:34 de la madrugada, hizo temblar Chile y desplazó a la ciudad de Concepción tres metros y 27 centímetros. El escritor estaba en Santiago en un congreso de literatura infantil (el tema principal era -por azar o causalidad- el papel funcional del miedo en los cuentos infantiles). Cuando le dejaron de temblar las manos – tal como se lo dijo a un colega en su vuelta a México – escribió 8.8: el miedo en el espejo.

Antes de 1985 los temblores no solo le daban miedo sino que incluso le gustaban: “Solo ahora advierto mi sostenido interés por los temblores y su relación con los misterios de nocturnidad. En el prólogo a mi libro Tiempo Transcurrido,  que recoge crónicas imaginarias que van desde el movimiento estudiantil del 68 al terremoto del 85, escribí: Desconfío de los que en momentos de peligro tienen más opiniones que miedo”.

Al terminar la charla nos quedó resonando la impactante mirada de Juan Villoro sobre el sismo ocurrido en Chile. Próximo objetivo: leer 8.8: el miedo en el espejo. Libro que duró en nuestras manos tan sólo 2 días. Simplemente porque produce esa única e indescriptible sensación de no poder dejar de leer. Si bien el autor se pregunta en el prólogo: “¿Hasta dónde es posible reconstruir la experiencia del espanto sin distorsionarla con argumentaciones ajenas a lo que se vivió como caos y marasmo?”, logra contar de manera excelente lo que rodeó aquella experiencia de terror compartido. Villoro señala: “Esta es una crónica en fragmentos. Quise ser fiel a la manera en que percibimos el drama: la población flotante de un hotel reunida en un naufragio. No es un reportaje de un país  que se quebró en su zona sur ni de una capital que resistió de forma admirable. Es la reconstrucción en partes de un microcosmos: vidas de paso que estuvieron a punto de extinguirse”.

Villoro utiliza un recurso impactante: el testimonio múltiple de aquellas vidas de paso que estuvieron a punto de desaparecer una noche en un hotel de Santiago de Chile. Y, tal como dicen, el terremoto solo permite hablar del terremoto. Por eso Villoro cuenta desde una perspectiva asombrosa e insólita – el hilo conductor de la crónica es la manera en que dormimos-  lo que vio, oyó y le contaron. Queda claro que el sismo no solamente modificó el eje de rotación de la tierra y acortó el día en 1,26 microsegundos, también produjo (y lo sigue haciendo) prolongadas réplicas psicológicas.

Y sigue: “El protagonista es un hijo del sismo: nace durante el temblor de 1957, que derrumbó el Ángel de la Independencia en Paseo de la Reforma, y recorre los veintiocho años que lo separan de su retorno solar (la misma alineación astrológica que en su fecha de nacimiento). El desenlace ocurre en México en 1985, durante el temblor que destruyó la ciudad de México. Me parecía sugerente que en una antinovela de aprendizaje, también la tierra se mostrará insegura y revelará que no tiene certezas de qué comunicar”. Nada más que agregar.

Tanta fascinación nos llevó a sacar entradas para ir a ver Filosofía de Vida al teatroadaptación de El filósofo declara, su segundo texto dramático que tuvo origen en una afirmación de su propio padre, el prestigioso filósofo Luis Villoro, que plantea que los filósofos no declaran sino que razonan (¿Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia?). A tan solo seis butacas del autor pudimos ver cada una de sus reacciones  ante la magnífica interpretación de Alcón – ¿Qué más podemos agregar sobre un trabajo del gran Alfredo? – Rodolfo Bebán y Claudia Lapacó. Villoro se emocionó ante el eco que causó cada una de sus palabras en el público y durante toda la obra paso letra del guión, adelantándose a lo que vendría. Filosofía de vida  es la historia de dos filósofos reconocidos que se reencuentran en la vejez: el Profesor y el Pato Bermúdez. Dos amigos de juventud que la vida distanció. Caminos absolutamente opuestos: el profesor se recluyó en su mundo, dedicándose a desarrollar sus ideas y escribir sus pensamientos; mientras que el Pato ejerció la función pública y obtuvo grandes honores académicos (además de disfrutar de los placeres de la vida). Luego, una oferta que se tiñe de revancha improvisa un encuentro e invita a una reflexión sobre cuestiones existenciales que – inevitablemente- penetran en la vida cotidiana, como el amor, la amistad  y la lealtad.

Citas y alusiones a Gombrowicz, Sartre, Darwin, Russell, Nietzsche y Kant atraviesan una encrucijada dramática. Los dos filósofos se encuentran para una confrontación final, libran su última batalla. Los acompaña Clara, una mujer que definió la vida de ambos. Pero mejor no contar más. Al bajar el telón conversamos, una vez más, con Villoro, que estaba asombrado por la puesta actoral y las distintas interpretaciones.

En ACHÍS seguimos recorriendo el itinerario de Juan Villoro en Buenos Aires. Próxima estación: 19 horas, 24 de agosto, Malba.

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En casi todas las fotografías

Nº87 Julio 1958, Llansa

Erik Kessels encontró una caja que guardaba un secreto: una serie de fotografías tomadas desde 1956 a 1968 sacadas por un hombre común a su mujer durante las vacaciones. Son días como cualquier otro: en una playa, junto a una fuente, en una montaña, sobre un puente, en la nieve, en una iglesia o al lado de una Santa Rita. A medida que pasamos las páginas vemos que a ella le cambia el pelo, los anteojos, la piel, el humor… La conocemos a Ella, o creemos conocerla, y de a poco también lo conocemos a Él.

Nº11 Julio 1956, Cala Grifen

Hace cuatro años alguien nos mostró In almost every picture (editado por Kessels) y hoy lo conseguimos. La pregunta que atraviesa el libro es cuál es el significado de una fotografía. En La cámara lúcida de Roland Barthes encontramos una respuesta: “La fotografía tiene algo que ver con la resurrección”.

Nº95 Agosto 1958, Tibidabo-Agosto

En el prólogo, Kessels escribe:

bailar con, saber, soñar con, nadar en el mar con, comer con, compartir con, charlar con, viajar con, reír con, leer con, admirar, abrazar, extrañar, confiar, vivir con, cantar con, tocar, adorar, clamar, jugar con, dormir con, hacer feliz a alguien, amar …verte en casi todas las fotografías

Nº128 Julio 1959, Camp de Mar

Y se nos cruzó el final de la película Con ánimo de amar de Wong Kar Wai:

“Él recuerda esa época pasada como si mirase a través de un cristal cubierto de polvo.

El pasado es algo que puede ver pero no tocar

Y todo cuanto ve está borroso y confuso”.

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“Me llamo Ernesto…”

Ernesto Sábato por Antonio Berni

“Hace algunos años, una revista porteña publicó una sugestiva foto de Ernesto Sábato. Pequeño y solitario, encogido en un banco, aguardaba el tren. La imagen me dio que pensar; suscitaba cierta compasión. Porque Sábato, en definitiva, siempre ha sido eso: un Gran Niño Solo esperando un tren que nunca llega”. Así describe  Carlos Catania al escritor en Genio y figura de Ernesto Sábato.

El pueblo de su nacimiento se llama Rojas. Sus padres  llegaron a la Argentina a fines del siglo pasado y establecieron en aquel pueblo un molino harinero. Fueron once hermanos. Ernesto fue el décimo hijo varón de Juana Ferrari y vino al mundo pocos días después de que falleciera el número nueve. Le pusieron el nombre del muerto. En palabras de Sábato: “Me llamo Ernesto, porque cuando nací el 24 de junio de 1911, día del nacimiento de San Juan Bautista, acababa de morir el otro Ernesto, al que, aun en su vejez, mi madre siguió llamando Ernestito, porque murió siendo una criatura”.

Ernesto Sábato por Sara Facio

Catania reflexiona: “La infancia de Ernesto fue cerrada, gris, sin los alicientes de la felicidad salvaje. Sábato no sabía jugar (…). Para él mismo y para los demás fue un niño–problema. La madurez de su nivel intelectual se revela tan vasta y honda que, por contraste, resalta cierta inmadurez vital. Quitándole la libertad del juego, lo mutilaron de entrada”.

Y siguió la vida. Carlos Catania define a Sábato como un tipo melancólico. Y – además – nos aporta un detalle curioso: en Sobre Héroes y Tumbas, la palabra melancolía aparece mencionada 23 veces. Sin dudas, la nostalgia de Ernesto se convertiría en enfermedad metafísica. Mientras cursaba el doctorado de Física, militaba en el movimiento juvenil comunista. Fue entonces cuando conoció a Matilde, su compañera por más de 60 años. Ella tenía 17 años y quedó deslumbrada cuando él le dictó un curso sobre Marxismo. Desde entonces establecieron vínculos profundos. Luego, tuvieron dos hijos: Mario y Jorge Federico.

La palabra que mejor retrata a Sábato es sin dudas la de Matilde: “Para que se sienta con fuerzas para crear, para escribir, para liberarse de sus obsesiones y traumas necesita verse rodeado de un muro de cariño y comprensión y de ternura, y también de reconocimiento por lo ya realizado. Entonces pareciera que su fuerza y su genio se multiplicasen. Su profundo cambio interior fue cuando dejó la física. Él ha sido desde niño un alma meditativa, un artista. Con un interior melancólico pero al mismo tiempo rebelde y tumultuoso. La ciencia lo limitaba en forma atroz, de modo que fue lógico haber buscado el único cauce que podía ayudarlo a expresar, a vomitar su tormentoso interior: la novela”.

Sábato también lo dejó claro en Hombres y engranajes (1951): “Pero cuando levantaba la cabeza de los logaritmos y los sinusoides, encontraba el rostro de los hombres”. Ernesto Sábato cuenta en Antes del fin cómo fue publicar su primera novela El Túnel: “Dada mi formación científica, a nadie le parecía posible que yo pudiera dedicarme seriamente a la literatura. Un renombrado escritor llegó a comentar: ¡Que va a hacer una novela un físico!”.

Un préstamo de su generoso amigo Alfredo Weiss, permitió la publicación de El Túnel en la revista El Sur. ¿El resultado? Se agotó inmediatamente. Y después siguió su impecable carrera literaria. Y así llegó Sobre Héroes y Tumbas; Hombres y engranajes, Itinerario; Abaddon, el exterminador; Apologías y rechazos; entre otras.

En Achís, nos pareció una buena idea recorrer algunos pasajes de la vida del gran escritor argentino. Repasar su vida y sus fantasmas. Homenajear a un grande. Sábato no quería que la gente lo nombrara, quería que lo leyeran. Por eso, decidimos quedarnos con algunas palabras del escritor en Antes del Fin, su testimonio y legado espiritual: “No quiero morirme sin decirles estas palabras. Tenemos que abrirnos al mundo. No considerar que el desastre está afuera, sino que arde como una fogata en el propio comedor de nuestras casas. Es la vida y nuestra tierra las que están en peligro. Sí muchachos, la vida del mundo hay que tomarla como tarea propia y salir a defenderla”.

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Virginia Woolf

Hoy se cumplen 70 años de la muerte de una de las escritoras fundamentales del modernismo literario del siglo XX. Por eso, en Achís queremos recomendar una película y un artículo sobre la escritora.

Las horas (The hours) es un drama estadounidense -dirigido por Stephen Daldry- que revela el día de tres mujeres que viven en diferentes épocas, cuyas vidas se conectan a través de la novela Mrs. Dalloway.  Las tres mujeres de la película llevan piedras pesadas en sus bolsillos.

Por otra parte, La Revista de Cultura Ñ nos acerca Formas de narrar la angustia, escrito por María José Eyras y Cecilia Sorrentino. En el artículo del sábado 26 de marzo, las autoras esbozan algunas claves para explicar qué dificulta hoy el acceso a la obra de Woolf. Para ello, reproducen un pasaje del ensayo La narrativa moderna:

“…si un escritor fuera un hombre libre y no un esclavo, si pudiera escribir lo que quisiera, no lo que debiera, si pudiera basar su obra en su propia sensibilidad y no en convenciones, no habría entonces trama ni humor ni tragedia ni componente romántico ni catástrofe al estilo establecido, y quizá ni un solo botón cosido como lo harían los sastres de Bond Street.

La vida no es una serie de lámparas de calesa dispuestas simétricamente; la vida es un halo luminoso, una envoltura semitransparente que nos recubre desde el principio de la conciencia hasta el final”.

El 28 de marzo de 1941, una realidad amarga recubría su existencia y Virginia Woolf decidió su destino. En el río Ouse llenó los bolsillos de su abrigo con piedras.

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ECO DISEÑO

En Achís nos despertamos pensando en verde. Sucede que mañana la editorial 25 latidos presentará el libro: Diseño sustentable argentino, una publicación inédita que reúne los 25 casos más exitosos del diseño sustentable en nuestro país.

Los proyectos seleccionados por un jurado de expertos no solamente sirven a las necesidades del ser humano, sino que también fueron elaborados a partir de recursos renovables, no tóxicos y reciclables. El principal objetivo es no perjudicar al medio ambiente. Una tendencia que  – por suerte – crece constantemente.

Las autoras, Yanina Tendlarz y Jimena Laclau, aseguran que les sorprendió encontrar una gran cantidad de propuestas en todo el territorio argentino, cada una con una idea innovadora detrás. Para conocer de qué se trata esta tendencia que crece día a día alrededor del globo, les presentamos (re) hacer, un corto que indaga la industria argentina del diseño sustentable. Además, los diseñadores, arquitectos y creadores seleccionados cuentan cómo fue el proceso productivo de sus desarrollos y qué material utilizaron.

Una vez más, el diseño argentino marca tendencia.

¡Salud!

Más información:

Fecha: 18 de marzo

Lugar: Malba (Av. Figueroa Alcorta 3415)

Horario: 18:30

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Literatura desde “el fin del mundo”

El año pasado once autores viajaron a Ushuaia para abrir un nuevo espacio de producción y discusión literaria. El Festival Iberoamericano de Nueva Narrativa lanzó entonces una convocatoria inspirada en los cronistas exploradores que en el siglo XVIII viajaron desde muy lejos a las tierras del sur.

¿El resultado? Crónicas del fin del mundo, un libro de distribución gratuita que recopila las obras escritas durante el Festival.

¿Los escritores?  Mario Bellatin (México), Oliverio Coelho (Argentina), João Paulo Cuenca (Brasil),  Mariana Enríquez (Argentina), Giovanna Rivero (Bolivia), Karla Suárez (Cuba) y el ilustrador Liniers.

La buena noticia es que el libro (auspiciado por el Instituto de Promoción Turismo de la Nación) se presentará mañana en el Centro Cultural España Buenos Aires. Los autores  firmarán ejemplares y dialogarán junto a Edgardo Cozarinsky y Elsa Drucaroff. También se darán a conocer las novelas ganadoras del Premio Iberoamericano de Novela Breve, Torrente de Mariano Quirós, y Los Eventuales, de Ulises Cremonte.

Además se proyectará el documental realizado por Rodrigo Espina: Historias del Fin del Mundo. Una excelente oportunidad para disfrutar de los imponentes paisajes patagónicos.

Más información:

Centro Cultural España Buenos Aires
Balcarce 1150 (San Telmo)
19 horas

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