Niños que juegan

“Yo fui un niño muy precoz y entonces todo lo que había de barato en la inteligencia de lo que los niños llaman los grandes –o sea, de mi familia en esa época- yo lo percibía casi con crueldad.  Yo oía hablar a mi familia y sabía por adelantado lo que iban a decir. Porque un lugar común traía el otro. Era un sistema de pensamientos ya ordenados en el plano de la política, en el plano de la comida, en el plano de la salud, de si había que bañarse con agua fría o tibia, que si el bicarbonato es bueno o malo.

Y yo me divertía silenciosamente adelantándome a todo lo que la gente iba a decir. Yo sabía que después que mi madre dijera una frase determinada, mi abuela iba a decir otra que, en la mayoría de los casos, era la que yo había previsto. Empalmaban un lugar común con el otro, un juicio con el otro (…) Frente a ciertos lugares comunes yo tenía la impresión de que probablemente la verdad estaba en lo contrario. Naturalmente, el niño no dice esas cosas porque se expone a que le peguen un bife en esos hogares argentinos donde el niño es el niño y el grande es el grande y tiene razón porque es grande, no porque sepa más”.

(Julio Cortázar, Omar Prego Gadea: La fascinación de las palabras)

La última edición de la Revista Barzón, explorando el mundo contemporáneo, nos sorprendió con “Los artistas cachorros”. En el artículo,  la curadora Domitila Bedel cuenta cómo surgió Cachorros, obras de infancia, una muestra que se presenta en la Galería miaumiau hasta el 6 de mayo (Bulnes 2705 – Lunes a Viernes de 15 a 20 hs) y recopila una selección de dibujos de la niñez de los artistas Nahuel Vecino, Liliana Porter, Amaya Bouquet, Alfredo Prior, Ignacio Valdez, Clorindo Testa, Jill Mulleady, Alina Perkins, Juan Becú, Nicolás Bedel, Manuel Mendanha, Fernanda Laguna, Diego Gravinese y Pablo Siquier.

Las palabras de Domitila nos acercan a las de Cortázar: “Cuando estábamos armando el libro, cada vez que le preguntábamos a los artistas por su infancia recordaban algún dibujo o ese espacio temporal donde dibujaban. Noté que siempre, de alguna manera, era un lugar al que, queriendo o no, se intentaba regresar”. La muestra precisó de una labor casi antropológica de Domitila, que tuvo que contactar a las madres, tías y abuelas de los artistas, vaciar carpetas, desempolvar bauleras y revolver sótanos.

El armado del catálogo de la muestra también presentó desafíos. Domitila cuenta (¡perdón a los críticos!) que no podía haber un texto teórico y aburrido para presentar la muestra y decidió convocar a distintos narradores para que interpretaran los dibujos de los artistas y escribieran un cuento: “Cada cuento es una forma diferente de definir lo infantil y cada cuento es también una forma distinta de viajar hacia allá. La muestra tiene algo muy cercano a un viaje a la verdad, pero no desde el lado melancólico sino desde la posibilidad y el reencuentro”.

Las narraciones son tan diversas como los autores: algunos prefieren contar un cuento para niños, otros imaginan al pequeño artista culminando su obra y hay quienes observan que el dibujo no es infantil y sospechan que el niño es más adulto que infante. Sylvia Moloy, por ejemplo, la piensa a Liliana Porter en pijama leyendo a la noche debajo de un árbol. La escritora imagina a la pequeña Porter dentro de una historia atravesada por castigos, vecinos extraños y niñas duplicadas. También escriben sus impresiones Daniel Link, Cecilia Pavon, Damián Ríos, Ariel Schettini,
Guillermo Piro, Domitila Bedel, Marina Mariasch, Esteban Feune de Colombi,
 María del Carril, Francisco Garamona, Mario Bellatin, Lucía Puenzo e Inés Acevedo.

No hay niños prodigio, tampoco es preciso que los haya. Hay madres que guardaron celosamente los dibujos de sus hijos, y que quizás los miren una tarde cualquiera. Hay niños que juegan, como todos los niños, y algunos se convierten en grandes artistas.

Cortázar solía citar a Cocteau que decía que todos los niños son poetas “menos Minou Drouet, que era aquel monstruito que había escrito un libro de poemas a los ocho años, un poco prefabricado por la madre, y que toda Francia admiraba. Es verdad que si a los niños los dejasen solos con sus juegos, sin forzarlos, harían maravillas”.

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2 pensamientos en “Niños que juegan

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  2. Machete dice:

    […] “Niños que juegan”, nota sobre la muestra Cachorros en Achís News, del 3 de Junio 2011 […]

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